Varios ejemplos ilustran cuándo las funciones ejecutivas no responden como deberían; si en casa antes de ir a la cama verificamos hasta tres veces si la puerta principal tiene seguro, aun sabiendo que la cerramos, es una señal de alerta

A lo largo de este mes hemos hablado de las funciones ejecutivas, su importancia en el desarrollo cognitivo y cómo incide en las actividades diarias; sin embargo, no siempre las funciones ejecutivas responden a las demandas de estas actividades; tómese en cuenta que las funciones ejecutivas actúan como un comando central en el cerebro y son producto de un proceso neurológico complejo que solo podemos advertir si falla. Varios ejemplos ilustran cuándo las funciones ejecutivas no responden como deberían.

En el caso de los más jóvenes, podemos estar atentos a si la persona se siente fracasada con facilidad puede que arroje objetos en lugar de pedir ayuda, o si tiene problemas para seguir instrucciones u olvida lo que hay que hacer; empieza una tarea, se distrae y no la termina, se asusta cuando cambian las reglas o las rutinas, tiene dificultad para empezar un proyecto, pierde la noción del tiempo y a menudo está “a la mitad de algo”. En los mayores, podemos estar atentos a si en casa, antes de ir a la cama, verificamos hasta tres veces si la puerta principal tiene seguro, aun sabiendo que la cerramos, es una señal de alerta. En la cocina, servirse el café y olvidar apagar la cafetera de manera reiterada es otra señal de alerta. Olvidar recoger los niños en el colegio a la hora pautada, una señal más. Entonces, ¿cuándo preocupan las funciones ejecutivas? Bien, en el momento en el que nuestras habilidades cognitivas no responden a lo esperado y se agudizan “los olvidos” hay que preocuparse de estas funciones, pero es importante aclarar que las funciones ejecutivas se desarrollan a lo largo del tiempo y algunas habilidades no maduran sino hasta los 25 años. De manera que hay que preocuparse de ellas no solo en la niñez y la vejez, también los adultos jóvenes pueden manifestar daño neurológico, que se manifiesta en las funciones ejecutivas.

Los expertos han definido una serie de trastornos relacionados con la alteración de estas funciones, que pueden ocasionar problemas de conducta desde la niñez hasta la adultez, haciendo que las personas se sientan frustradas e infelices. La literatura científica —según se recoge en www.stimuluspro.com— ha encontrado afectación de esta función en TDAH, TEA, síndrome del control motor y de la percepción, Síndrome de Tourette, síndrome desintegrativo, depresión, trastorno obsesivo-compulsivo (TOC), trastornos de la conducta, abuso de sustancias, esquizofrenia, párkinson, esclerosis múltiple, VIH, entre otras patologías.

Los más comunes: TDAH: los afectados pueden presentar problemas para iniciar tareas o para elaborar y seguir planes, así como escasa capacidad inhibitoria y del control de las emociones. Demencias, alzheimer: existe una demencia específica que afecta a las funciones ejecutivas y recibe el nombre de “demencia frontal”. Puede ser debido a otras enfermedades como la Corea de Huntington. Deterioros neurológicos asociados a la vejez, variables de unos individuos a otros y nunca anteriores a los 60 años de edad.

Intoxicaciones: como las debidas al consumo de alcohol y otras drogas, o los efectos secundarios de algunos fármacos; o intoxicaciones crónicas debidas a algunas sustancias neurotóxicas como algunos plaguicidas. Lesiones cerebrales o tumores localizados en la región prefrontal. Como padres, maestros y amigos —no importa el rol que desempeñemos— tenemos la capacidad de advertir cuando los niños, jóvenes, adultos o adultos mayores se comportan erráticamente en el desarrollo de sus actividades cotidianas, por lo que es recomendable sugerir ver un especialista que pueda efectuar las pruebas y diagnosticar qué podría estar ocurriendo. Si requieres atención personalizada o tienes dudas con respecto a los trastornos relacionados a las funciones ejecutivas, acércate a Avanti. Te esperamos.