Para los padres, además de la responsabilidad de criar, también es un cúmulo de grandes alegrías que suceden de manera vertiginosa y para las cuales es importante estar siempre muy atentos, pues muy rápido veremos tantos avances que no se repetirán en ningún otro momento

El primer año de vida del bebé es una etapa de grandes sorpresas, avances, descubrimientos. En este período aprende a comunicarse con la gente a su alrededor, a relacionarse con su entorno, a ir conociendo su cuerpo. Es el momento en el que el niño aprende como no lo hará en otro momento de la vida. Para los padres, además de la responsabilidad de criar, también es un cúmulo de grandes alegrías que suceden de manera vertiginosa y para las cuales es importante estar siempre muy atentos, pues muy rápido veremos tantos avances que no se repetirán en ningún otro momento. En un tiempo de escasos doce meses lo veremos hablar, gatear, caminar, comer, jugar y etcétera.

Estos primeros aprendizajes y el entorno en el que se desarrollan van estructurando el futuro del niño. Es muy importante que vaya creciendo sintiéndose querido, seguro, para que pueda desarrollar sus capacidades de la mejor manera, desde la más tierna edad hasta la edad adulta. Aprovechemos para estimular su desarrollo buscando las vías para ir dándole a conocer el mundo, hablemos con él, leámosle cuentos, expliquemos lo que vemos. Solemos pensar que el bebé a esa edad no entiende lo que decimos, pero no es así, este pequeño va procesando toda esa información, desde muy temprano podemos apreciar su sonrisa cuando oye la voz de la madre, del padre, hermanos, personas cercanas. También apreciamos con quién se siente cómodo y con quién no. Entonces demostrémosle nuestro amor, nuestros deseos de compartir con él este crecimiento maravilloso, es nuestro momento para ir haciéndolo un niño feliz y sano. Es importante saber que el cerebro del bebé se nutre del amor que recibe y que la majestuosidad de todo lo que ocurre el primer año de vida determina los años siguientes.

Cuando los padres son amorosos y pendientes de las necesidades del bebé, este crecerá confiando en sí mismo, desarrollando una buena autoestima, buenas relaciones sociales y será entonces un adulto autónomo y seguro de sí mismo. Por el contrario, si los padres se mantienen al margen, no prestan atención a su desarrollo, tienen pocas muestras de afecto y cuidado, este crecerá inseguro y se abona el terreno a posibles problemas de desarrollo físico y emocional.

Muchas investigaciones en el área de las neurociencias señalan la importancia del afecto y el entorno para un buen desarrollo cerebral. Por ejemplo:

En la actualidad, un aspecto que ha cobrado mucha importancia por su sólida base científica es el hecho que el neurodesarrollo exitoso tiene estrecha relación no solo con la genética, sino también con el ambiente de estimulación y afectividad que rodea al niño, los cuales influyen decisivamente en la mayor producción de sinapsis neuronales, lo cual implica, a su vez, en la mayor integración de las funciones cerebrales[1].

Por lo tanto, la relación que establecemos con nuestros hijos, desde el inicio de su vida, constituye la base del adulto en el que se convertirá. Así que aprovechemos este primer año de nuestro bebé para acompañarlo a descubrir el mundo, asumiéndonos como padres amorosos, pero también como maestros guías en este período espectacular del desarrollo humano.

El desarrollo psicomotor del niño en el primer año de vida es el eje al cual se unen los demás componentes del desarrollo: cognitivo, lingüístico y social, por lo cual es imperativo el movimiento desde tocar, arrastrarse, agarrar un objeto: mirarlo, llevarlo a su boca,  para que así explore sensorialmente el mundo que lo circunda.

En este primer año nos sorprenderemos de ver a una criatura débil absolutamente dependiente transformarse en una personita que juega, camina, socializa. Hablar con el bebé, jugar con él, ofrecerle un ambiente de afecto y rico en estímulos visuales, auditivos, táctiles facilitará su desarrollo adecuado.

No todos los niños crecen de la misma manera, unos van más lentos que otros, pero en ambos casos el primer año es de grandes desarrollos.

Por otra parte, te recomendamos no exponer al bebé a teléfonos celulares, televisión o tablets, pueden distraerlo cuando está en un proceso de conocimiento del mundo que lo rodea.

En AVANTI podemos guiarte en este período con nuestro programa de Acompañamiento a padres durante el primer año del bebé, que consiste en un programa de entrenamiento para los padres sobre las actividades y ejercicios que pueden hacer con sus hijos para potenciar su desarrollo. Los padres aprenden los ejercicios y juegos que pueden hacer con sus hijos según los ítems del desarrollo que deban ir adquiriendo. Es un programa individualizado y con apoyo constante para los padres. Confirmando con ello que los mejores estimuladores de un bebé son sus padres. Nosotros te acompañamos para que te conviertas en el mejor compañero de crecimiento de tus hijos de una manera divertida.


[1] Medina Alva, María del Pilar et al, Neurodesarrollo infantil: características normales y signos de alarma en el niño menor de cinco años, Revista médica salud pública, vol. 32 (3): Lima, julio-septiembre, 2015