Los niños que duermen bien y las horas suficientes son menos propensos a problemas de comportamiento e irritabilidad, por lo general tienen un sistema inmunológico más fortalecido, por eso es importante desarrollar buenos hábitos a la hora de dormir desde una edad temprana

Una de las cosas más placenteras de la vida es dormir; desde siempre el sueño se ha visto como una actividad sublime, incluso con interpretaciones cargadas de analogías dulces y nostálgicas como la sensación inigualable de dormir mientras llueve, o la de viajar a sitios insospechados en los sueños. En cambio, en el ámbito de la ciencia el panorama es distinto, pues el sueño es uno de los enigmas de la investigación científica, pasó de ser considerado un fenómeno pasivo en el que no ocurría nada, a ser una amalgama de actividad eléctrica cerebral, un estado de conciencia dinámico en el que ocurren grandes modificaciones orgánicas como cambios en la presión arterial, la frecuencia cardiaca y respiratoria, la temperatura corporal, la secreción hormonal, entre otros.

El sueño es una parte integral de la vida, una necesidad biológica que permite restablecer  las funciones físicas y psicológicas esenciales para un pleno rendimiento. Dormir le da al cuerpo y al cerebro tiempo para recuperarse del estrés del día. Los estudios demuestran que no dormir suficiente o tener una mala calidad de sueño incrementa el riesgo de hipertensión, cardiopatías y otras enfermedades. Y aunque cueste creerlo, existen “enfermedades del sueño” que afectan la salud y la calidad de vida en general, algunas comunes como el insomnio, la apnea y el síndrome de las piernas inquietas, otras severas como la parálisis del sueño. Todas previsibles desde las niñez, por eso es tan importante vigilar el sueño de los niños desde su nacimiento. Asegurarse que el bebé tiene un sueño feliz, es asegurarle un desarrollo físico, cognitivo y emocional saludable.

Los niños que duermen bien y las horas suficientes son menos propensos a problemas de comportamiento e irritabilidad, por lo general tienen un sistema inmunológico más fortalecido, por eso es importante desarrollar buenos hábitos a la hora de dormir desde una edad temprana. Con respecto a la hora de dormir, muchos padres se preguntan cuántas horas son las adecuadas. Es importante resaltar que cada niño es diferente; sin embargo, los expertos recomiendan ciertas horas de acuerdo a la edad del pequeño. A continuación presentamos un referente, claro está, lo aconsejable es consultar con el pediatra.

¿Cuánto debe dormir un niño?

·      0-2 meses: 10.5-18 horas.

·      2-12 meses: 14-15 horas.

·      1-3 años: 12-14 horas.

·      3-5 años: 11-13 horas.

·      5-12 años: 10-11 horas.

La calidad del sueño de los niños es responsabilidad de sus padres y responsables más cercanos, por lo que se requiere paciencia, carácter y disciplina para desarrollar hábitos saludables en cuanto al sueño se refiere. Algunos de las medidas más importantes son: acostumbra a los pequeños a hacer una siesta diaria (de 30 minutos a una hora); establecer una hora fija para irse a la cama (8:00 pm recomendado), debes procurar que el niño cree una imagen positiva del acto de ir a acostarse, que no lo vea como una imposición que coarta su diversión. En estos casos puedes acudir a sus personajes favoritos, dile algo como: “Hora de soñar con Bob Esponja y estrellitas de mar”.

En cuanto al ambiente, haz que sea acogedor, los colores de la habitación deben ser relajantes así como su decoración, calidad de la luz, igual que la temperatura, la cual debe ser estable toda la noche. Otra medida importante es asegurarte que deje los videojuegos y/o la televisión por lo menos una hora antes de acostarse, pues si la mente se mantiene alerta hasta último momento, el niño puede entrar en estado de vigilia porque se altera la secreción de melatonina —la “hormona del sueño”—, lo que coadyuvará en el desarrollo de trastornos del sueño. Te contamos de algunos:

1)     Pesadillas: las pesadillas ocurren durante períodos de transición, estrés o cambios de rutina del niño. Estrategias efectivas para eliminar el problema son: estimularlo a hablar sobre lo acontecido durante la pesadilla, presentar imágenes agradables antes de que se duerma, y evitar la televisión antes de acostarse.

2)     Pavor o terror nocturno y sonambulismo: los terrores nocturnos y el sonambulismo ocurren con más frecuencia entre los cuatro y ocho años de edad. Estos disturbios del sueño ocurren temprano en la noche. El niño está entre dormido y despierto y, por lo general, no recuerda lo ocurrido al día siguiente. Es importante remover objetos peligrosos de la habitación para evitar que se haga daño al caminar dormido. Dormir lo suficiente es de importancia vital para reducir la frecuencia de los terrores y el sonambulismo.

3)     Apnea del sueño: la apnea del sueño es un problema serio en el cual ocurren pausas en la respiración durante el sueño. Los niños con apnea habitualmente roncan, su sueño es inquieto y pueden manifestar somnolencia durante el día. Existen varias formas de tratar la apnea, por lo tanto, es de gran importancia que consultes a su médico.

4)     Narcolepsia: la narcolepsia comienza durante la pubertad, pero puede comenzar aún antes. Niños con narcolepsia desarrollan somnolencia y “ataques incontrolables de sueño” durante los cuales se quedan dormidos contra su voluntad. La narcolepsia requiere un diagnóstico definitivo por un médico[1].

Como padres deben saber:

En el ámbito cotidiano se han difundido rumores y mitos sobre el sueño de los niños, especialmente de los bebés entre 0 y 2 años. Uno de esos mitos refiere la posición del bebé al dormir. Muchos padres acuestan su bebé boca abajo porque creen que es más seguro. Qué dicen los expertos: Los bebés deben dormir boca arriba, esta posición disminuye el riesgo del Síndrome infantil de muerte súbita. Además, la Academia Americana de Pediatría recomienda que los padres no permitan que los bebés duerman en camas de agua, almohadas, sofás, colchones blandos u otras superficies blandas. Tampoco es aconsejable que el bebé duerma con uno o ambos padres debido a la posibilidad de muerte por asfixia.

Ten en cuenta que ningún niño orgánicamente es igual a otro, por eso vigilar la calidad del sueño es imperativo para garantizar su salud. Si observas anomalías a la hora de dormir, o la incidencia de trastornos, no lo dudes, consulta al médico.